Murió el genio.

Mi hijo mayor Vladimiro ama ha éste personaje y quizá por eso decidió estudiar física pura. Este genio es admirable no solo por sus cuestiones algorítmicas de la verdad sino por la genial forma de conectar el pensar y el ser, tan necesario en un planeta moribundo de ética.

Todos quienes jugamos tontamente con la matemática admiramos al genio más loco de nuestro tiempo, Alexander Grothendieck. El genio más grande del último siglo murió ayer, la relevancia del genio en la definición de la geometría algebraica es enorme, tres de los siete Problemas del Milenio, los mayores desafíos matemáticos del siglo, están relacionados con su obra.

Siempre me ha intrigado el contraste entre la valoración altísima de sus ideas matemáticas y el desprecio casi agresivo que recibieron sus posiciones políticas dentro de la misma academia que lo aclamaba. Muchos científicos pierden cualquier noción de objetividad cuando cuestionan la legitimidad/moralidad de sus medios de subsistencia. Esa agresividad sin duda contribuyó a que Grothendieck se alejara del circulo podrido de la Academia.

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